En la primera entrega de esta serie explicamos el motivo de la degradación de ecosistemas: su valor no está incorporado en ningún precio, y los servicios que generan funcionan como bienes públicos. Para corregir este vacío, el MINAM ha creado uno de los sistemas normativos más avanzados de financiamiento ambiental en la región: los Mecanismos de Retribución por Servicios Ecosistémicos (MERESE).
¿Qué son los MERESE?
Son acuerdos voluntarios que buscan asegurar la permanencia en el tiempo de servicios ecosistémicos. Estos acuerdos funcionan como esquemas que permiten generar, canalizar, transferir e invertir recursos (económicos, financieros o no financieros) entre dos partes principales:
- Retribuyente: Persona o entidad (pública o privada) que obtiene un beneficio (económico, social o ambiental) del buen funcionamiento de un ecosistema (por ejemplo, por recibir agua limpia, disfrutar de un paisaje, disfrutar de la riqueza de fauna en un parque nacional).
- Contribuyente: Persona o entidad (pública o privada) que realiza acciones técnicamente viables (como conservación o recuperación) para mantener o mejorar la fuente de ese servicio ecosistémico.
En esencia, un MERESE es el acuerdo mediante el cual el Retribuyente compensa al Contribuyente por mantener el ecosistema del que obtiene beneficios. Este mecanismo introduce un incentivo directo: la conservación se convierte en una actividad financiada y sostenible, cerrando la brecha entre quienes se benefician de la naturaleza y quienes la cuidan.
Según el artículo 6 del Reglamento de la Ley MERESE los servicios ecosistémicos que pueden formar parte de un MERESE son:
- Regulación hídrica.
- Mantenimiento de la biodiversidad.
- Secuestro y almacenamiento de carbono.
- Belleza paisajística.
- Control de la erosión de suelos.
- Provisión de recursos genéticos.
- Regulación de la calidad del aire.
- Regulación del clima.
- Polinización.
- Regulación de riesgos naturales.
- Recreación.
- Ciclo de nutrientes.
- Formación de suelos.
- Turismo.
- Rendimiento hídrico.
- Regulación de la calidad del agua.
- Otros que regule el MINAM.
¿Cómo funciona un MERESE en la práctica?
Un MERESE opera como un acuerdo voluntario y condicionado entre quienes se benefician de un ecosistema y quienes lo conservan. Su funcionamiento sigue tres etapas básicas:
1. Diseño del mecanismo
Antes de firmar el acuerdo, se definen cuatro elementos clave:
- La fuente del servicio ecosistémico: se identifica el ecosistema, el servicio que provee y su estado actual.
- Los actores involucrados: quiénes serán los Contribuyentes (quienes cuidan el ecosistema) y los Retribuyentes (quienes se benefician).
- Valor y costos: se estima cuánto cuesta mantener o mejorar el servicio.
- Financiamiento: se decide cómo se obtendrán y administrarán los recursos (públicos, privados o mixtos).
2. El Acuerdo de Retribución
Es el documento central del MERESE, en donde:
- El Contribuyente se compromete a realizar acciones de conservación o recuperación.
- El Retribuyente reconoce esas acciones mediante una retribución económica, financiera o no financiera.
- El acuerdo describe las acciones, la modalidad de retribución y cómo se ejecutarán los recursos.
En el caso de las empresas de agua, por ejemplo, estas pueden recaudar fondos a través de sus tarifas para invertir en la conservación de cuencas que regulan el recurso hídrico.
3. Monitoreo y validación
Para asegurar que el mecanismo funciona:
- El acuerdo se registra en el Registro Único de MERESE del MINAM.
- Se implementa un sistema de monitoreo para verificar el cumplimiento de las acciones.
- El MINAM supervisa el avance y puede cancelar el registro si no se cumplen los compromisos.
En conjunto, un MERESE espera generar un ciclo virtuoso:
los beneficiarios financian la conservación, los contribuyentes ejecutan las acciones, y el Estado valida que el servicio ecosistémico se mantenga o mejore.
El enfoque inicial de los MERESE: Regulación hídrica y carbono
El diseño original del sistema se centró en dos servicios ecosistémicos considerados estratégicos para el país: la regulación hídrica y el secuestro y almacenamiento de carbono. Esta prioridad no fue casual. Desde su concepción, se reconoció que ambos servicios representan:
- Los impactos más directos sobre las ciudades costeras con mayor población (agua potable, riego, energía).
- Las mayores oportunidades de inversión pública y privada.
- La posibilidad de generar evidencia cuantificable y trazable.
Esa visión se refleja claramente en el Título IV del Reglamento, que dedica capítulos específicos (artículos 26 al 31) a regular estos dos mecanismos:
- Artículos 26–28: MERESE de regulación hídrica, incluyendo la participación de las EPS, SUNASS, operadores hidráulicos y juntas de usuarios.
- Artículos 29–31: MERESE de secuestro y almacenamiento de carbono, incluyendo modalidades forestales, vínculos con REDD+, MDL-Forestal y la integración con reportes nacionales de GEI.
En otras palabras, el sistema MERESE se construyó inicialmente sobre estos dos pilares, a partir de los cuales el MINAM ha ido expandiendo el marco normativo para otros servicios ecosistémicos, a través de la modificación al reglamento de la Ley MERESE.
10+ años de MERESE
Entre el 2014-2024, el MINAM ha impulsado 70 iniciativas MERESE en todo el país: 49 con EPS, 7 en turismo, 14 con juntas de usuarios, municipalidades, fondos de agua y empresas (MINAM, 2024).
Al 2024, 12 acuerdos inscritos en el Registro Único movilizan cerca de S/ 19 millones, intervienen más de 8,900 hectáreas y benefician a 12 millones de personas. 49 EPS cuentan ya con resoluciones de SUNASS que autorizan la recaudación vía MERESE para invertir en la conservación de fuentes hídricas.
Entre los ejemplos más destacados contamos con:
1. SEDAPAL y su primer proyecto ecosistémico en Milloc
SEDAPAL inició la ejecución de su primer proyecto MERESE, orientado a recuperar la regulación hídrica en la microcuenca de Milloc (Carampoma), una de las principales fuentes naturales de agua para Lima y Callao. El proyecto —financiado mediante el fondo MERESE incluido en los recibos de agua— invierte más de S/ 3 millones en restauración de bofedales, revegetación con especies nativas, instalación de cercos, y sistemas de control y vigilancia. Estas acciones buscan mejorar la infiltración, regular el flujo hídrico y asegurar la calidad del agua que abastece al 53% de la población de Lima Metropolitana. Además, el proyecto incorpora capacitación a las comunidades locales y la creación de jornales, fortaleciendo la economía comunal mientras protege la infraestructura natural que sostiene el recurso hídrico. (Fuente: Forest Trends).
2. EPS Marañón y el MERESE en la cuenca Amojú (Jaén)
La EPS Marañón, con asistencia técnica de SUNASS, viene implementando un MERESE para asegurar la sostenibilidad del servicio de saneamiento en la cuenca Amojú, en Jaén. El mecanismo articula a las comunidades de La Cascarilla, La Victoria y San José de la Alianza para conservar las fuentes de agua mediante infraestructura natural y prácticas productivas sostenibles. Las acciones incluyen sistemas agroforestales, manejo de parcelas de café, prevención de incendios, producción de abono orgánico, y fortalecimiento de capacidades para el uso y conservación de los recursos naturales. Este caso demuestra cómo un MERESE puede mejorar simultáneamente la seguridad hídrica, la calidad del agua y la resiliencia climática en zonas donde la demanda de saneamiento aumenta rápidamente. (Fuente: SUNASS)
3. MERESE para el Parque Nacional Sierra del Divisor
En el 2025, Perú alcanzó un hito histórico al implementar el primer MERESE en un Parque Nacional: Sierra del Divisor, un territorio de más de 1.3 millones de hectáreas en Ucayali y Loreto. El acuerdo —impulsado por el MINAM, SERNANP, el vehículo de inversión francés RESTORE – Biodiversity Together y la empresa FRONTERRA— establece un mecanismo financiero de largo plazo para cerrar brechas de gestión, fortalecer la vigilancia, mejorar la infraestructura y financiar monitoreos especializados. Este proyecto, uno de los tres pilotos seleccionados por la Comisión Europea para probar el nuevo marco de “Créditos de la Naturaleza”, posiciona al Perú a la vanguardia internacional en financiamiento de biodiversidad. Su diseño incluyó un proceso participativo con federaciones indígenas como FECONADIC y ORPIO, garantizando que la conservación se articule con los derechos, la autonomía y el desarrollo de los pueblos indígenas. (Fuente: Inforegion.pe)
Conclusión
La experiencia acumulada durante la última década demuestra que los MERESE pueden convertirse en una herramienta decisiva para financiar la conservación en el Perú. Con el marco normativo fortalecido, ejemplos exitosos en cuencas hídricas y el reciente ingreso de áreas naturales protegidas —como Sierra del Divisor— al sistema, se espera un auge de nuevos MERESE en territorios de alto valor ecológico, orientados no solo a la regulación hídrica y al carbono, sino también a la biodiversidad, la polinización, la recreación y otros servicios ecosistémicos estratégicos. Este crecimiento abre la puerta a un modelo más robusto de conservación financiada, capaz de articular a comunidades, empresas y Estado en torno a la protección de nuestro patrimonio natural.


